Disfrutando cada minuto

by Julia on

Conocí a un chico hace pocas semanas. Mi trabajo de escort en Barcelona, aunque suelo tener clientes habituales, hace que conozca caras nuevas de forma frecuente. En este caso era diferente, era un tipo que gustaba de tomarse todo con mucha calma.

Al principio me dejó un poco extrañada, aunque realmente él está pagando por mi tiempo. En las primeras citas quedábamos y simplemente hablábamos. Era sin duda un chico dulce, pero parecía resistirse a ponerme las manos encima justo cuando yo más lo deseaba. Cuando me despedía me iba mojada y seguía mosqueada ¿Qué le ocurriría?

Me llamó para volver a quedar y cuando llegué allí, me dijo que quería que bailase para él, algo que, por supuesto hice, quitándome una prenda de vestir con cada sensual movimiento. Empecé a notar como sus ojos se iban abriendo y cuando quise darme cuenta, estaba encima de él y sintiendo lo duro que estaba.

Fue acabar la música y ponerme sobre la cama, mis pechos desnudos y me fui moviendo lentamente hasta abrir mis piernas mientras le miraba. Comencé a lamerle los dedos y él me acarició el sexo de forma muy suave.

Comencé a gemir y acariciarme, mientras él seguía comiéndome entera. En un momento, se bajó los pantalones y los boxers y me dijo que viniese hacia él, me levanté de la cama y me levantó hacia él, donde me penetró de pie, fue tremendo, me sentí literalmente atravesada.

Llevaba ya dos años de experiencia como escort, pero ningún cliente había logrado mojarme de tal manera y hacerme sentir penetrada con tanto deseo como este. En medio del extasis le dije al oído jadeando que cuál era la razón por la que había tardado tanto en follarme, él me dijo que simplemente “le gustaba tomarse las cosas con calma”.

Para aquel entonces yo ya me había abandonado al deseo y a la lujuría, cuando salí de su casa e iba en el ascensor, todavía notaba como si su polla estuviera dentro de mí, algo que se repitió toda la semana, daba igual que estuviera con otros clientes, de hecho, hasta me excitaba el pensar que en unos pocos días le volvería a ver.
A veces ser diferente termina con este efecto, dejar a una escort con tantas ganas de que la posean que nos corremos con el mayor de los deseos, el juego de la atracción es así.

Written by: Julia

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